domingo, 11 de noviembre de 2012

La camisa ensangrentada de Ángel Santiesteban


Los secuestros express, o detenciones a corto plazo, se han convertido en el modus operandi favorito de la policía política en Cuba para contener o dispersar las acciones públicas de la emergente sociedad civil y la oposición. La mayoría de las veces estas detenciones vienen acompañadas de golpizas y otros actos violentos (como agresiones sexuales en el caso de las mujeres), aunque las secuelas sobre la anatomía de las víctimas no suelen ser estrepitosas. Esta vez, sin  embargo, parece que se les ha ido la mano donde no se les podía ir.

Uno se pregunta por qué tras la ola represiva del jueves pasado en La Habana continúan en prisión Antonio Rodiles (Estado de Sats) y el escritor Ángel Santiesteban, cuando el grueso de los disidentes detenidos ha sido liberado. La única explicación que le encuentro: los han golpeado tan salvajemente que no pueden arriesgarse a liberarlos y que el mundo contemple directamente las pruebas de que en Cuba se tortura. Rodiles y Santiesteban son dos de los disidentes más mediáticos con que ahora mismo cuenta la sociedad civil cubana; la naturaleza de su trabajo, mayormente concentrada en el ámbito cultural, intelectual o cívico, volvería aún más injustificable, a los ojos de la prensa internacional, la violencia exacerbada de los cancerberos del castrismo. La imagen de un Rodiles (“sufre de deformación del rostro por la golpiza que le propinaron el represor llamado Camilo y otros, que incluyó piñazos y patadas en el piso”, ha informado el escritor Orlando Luis Pardo) o un Santiesteban con el rostro amoratado sería mediáticamente funesta para el régimen de Raúl Castro.

En la foto que acompaña esta nota aparece la camisa ensangrentada de Ángel Santiesteban, que le fuera devuelta a su esposa y que Orlando Luis Pardo ha distribuido en Internet. Una camisa que habla.

Armando Añel

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