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| La penumbra de la familia cubana |
Un apagón de varias horas dejó ayer domingo sin luz a ocho provincias cubanas, desde Pinar del Río a Ciego de Ávila pasando por La Habana, pero sólo mereció por parte de la prensa oficialista una breve nota, según la cual “se produjo una interrupción en una línea de transmisión de 220,000 voltios entre Ciego de Ávila y Santa Clara”. Otro tanto ocurrió con la reciente explosión de una gasolinera en Santiago de Cuba, a consecuencia de la que han muerto cerca de una decena de personas y que sólo ha sido brevemente reseñada en esa provincia, sin que el resto del país haya sido informado de lo sucedido.
Este modus operandi castrista de esconder o camuflar los hechos noticiosos que no considera favorables, con el objetivo de vender nacional e internacionalmente la imagen de un país idílico, impecablemente administrado por la “revolución”, se extiende a todos los sectores y escenarios nacionales, desde los productivos hasta los asistenciales. La censura es omnipresente en Cuba. Otro ejemplo lo constituyen las epidemias de cólera y dengue que continúan afectando varias provincias cubanas sin que el gobierno ceje en su empeño de ocultar o minimizar su presencia, estableciendo un férreo bloqueo informativo alrededor de ellas.
El afán del régimen de los Castro, el cual controla todos los medios públicos del país, por evitar que la información de lo que sucede en la Isla llegué a la ciudadanía, demuestra a las claras su impotencia e incapacidad. De las crisis no se sale escondiéndolas, sobre todo cuando lo que está en crisis es todo un sistema. La solución consiste en derribar el muro de la censura para que la sociedad cubana pueda encarar y resolver sus problemas con libertad y transparencia. El momento es ahora.

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