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| Mairelys Cuevas Gómez con su pareja en Miami |
“¿Hasta cuándo vamos a agradecerle a la generación del centenario (se refiere a los Castro en el poder) por haber cumplido con su deber y su obligación de liberar a Cuba, mientras nuestra generación espera para cumplir con su deber de desarrollar y darles a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestros hermanos cubanos, la vida que se merecen, mientras las destructoras huellas de la corrupción transitan con libertinaje singular para cada lado de la sociedad al que se pueda dirigir la mirada?”.
El fragmento citado arriba pertenece a una carta abierta dirigida por miembros del Servicio de Cirugía General del Hospital Calixto García, uno de los más importantes de La Habana, a Raúl Castro. Pero podría haber sido firmada por cualquier colectivo de la Cuba de hoy. Y es que la corrupción y el fracaso del modelo comunista son visibles por doquier en una Isla que cada vez retrocede más en el tiempo. Hasta los “hijos de papá”, como se les dice en Cuba a los hijos de los dirigentes, reniegan del régimen y la vida en un país empobrecido hasta lo grotesco. Casos como el de la hija del vicepresidente Marino Murillo, o el de Mairelys Cuevas Gómez, jefa de edición del periódico del Partido Comunista cubano, “Granma”, quienes emigraron recientemente al sur de la Florida, lo certifican.
Como decía José Martí –citan los médicos del Servicio de Cirugía General del Hospital Calixto García en su carta a Raúl Castro--, “en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno”. Pero para alcanzar la prosperidad es necesario salir primero del sistema que engendra la pobreza y, como demuestran los últimos 53 años de miseria en Cuba, ése es el socialismo burocrático y represivo de los hermanos Castro.

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