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| Una tienda en divisas en La Habana |
Asegura el corresponsal de la BBC en Cuba, Fernando Ravsberg, en el último post colgado en su blog “Cartas desde Cuba”, que “en pocas partes del mundo se maltrata tanto a los clientes y lo peor es que estos se han acostumbrado”. Pero no es que se hayan acostumbrado, sino que en un país donde no existen prensa ni internet libres, donde no hay sindicatos, donde el Estado tiene el monopolio del empleo y la ciudadanía es tratada como un perro, pero sin derecho a ladrar, los canales individuales de protesta no logran su cometido de dar a conocer el abuso. De manera que muchos ciudadanos bajan los brazos y se preguntan, ¿para qué protestar si no encuentro eco?
El propio corresponsal de la BBC sólo puede ser leído fuera de Cuba o por un reducido grupo de funcionarios con acceso a Internet en la Isla, pues el gobierno se cuida mucho de que las opiniones independientes lleguen a la ciudadanía. “El consumidor cubano acepta incluso que lo traten como a un delincuente, prohibiéndole entrar (a las tiendas en divisas) con cartera y revisándole las bolsas de la compra al salir”, agrega Ravsberg, y a continuación apunta: “Dice un viejo refrán que el ladrón piensa que todos son de su misma condición, una idea que se adapta perfectamente a esta historia”.
Claro que el corresponsal se refiere a los administradores de las tiendas y no al verdadero ladrón, al ladrón de los ladrones, al ladrón mayor: la dinastía de los Castro, desde hace 53 años en el poder. Es comprensible: Ravsberg debe tener mucho cuidado de llamar a las cosas por su nombre si quiere conservar su empleo en La Habana. Pero entre cubanos sabemos quién roba más: quién es el gran ladrón detrás de todos los pequeños ladrones.
“Hasta entre los bandidos debe de haber algún grado de honor o de ética”, se queja Ravsberg. Debería haberlo, pero tras más de medio siglo en el poder parece que para el castrismo esa clase de conceptos pierden todo sentido. Como parece haber perdido sentido para muchos cubanos protestar… ¿para qué hacerlo si no encuentro eco?, se preguntan. Pues porque la única solución consiste en reaccionar ante la injusticia. Hay que organizar la protesta pública en Cuba. Si muchas protestas aisladas no trascienden, una gran protesta organizada puede hacer la diferencia. Contra el gran ladrón hay que hacer un gran ruido.

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