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| Rosa María y Ofelia Acevedo, hija y viuda de Payá respectivamente |
Ha muerto el pasado 22 de julio, en un episodio vial en las afueras de Bayamo, el opositor Oswaldo Payá Sardiñas, líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), Premio Sajarov del Parlamento Europeo y coordinador del célebre Proyecto Varela. Con su muerte suman ya cinco los disidentes ultimados por el régimen de Raúl Castro o fallecidos en circunstancias poco claras en los últimos dos años en Cuba: Orlando Zapata Tamayo, Wilfredo García Soto, Wilmam Villar, Laura Pollán y el propio Payá.
La viuda del opositor, Ofelia Acevedo, ha denunciado que un auto persiguió e incluso embistió al carro rentado en el que viajaba su esposo. Ya el vehículo del líder del MCL había sido chocado y volcado en La Habana, tres semanas antes, en otro supuesto accidente de tránsito. En cualquier caso, la muerte de Oswaldo Payá, provocada o no, viene a recordarnos a todos, particularmente a los opositores dentro de Cuba, que enfrentar pacíficamente al totalitarismo puede costar la vida. Porque no se trata de lo que gana o pierde el castrismo con la muerte puntual de Payá, como ingenuamente ha argumentado algún que otro analista, sino de la supervivencia del poder a través del terror generalizado. Tal vez no se pretendía matarlo, sino atemorizarlos a él y a sus acompañantes, Harold Cepero y los jóvenes políticos europeos Ángel Carromero y Jens Aron Modig.
Lo que no acaban de entender muchas personas civilizadas es que en sistemas como el vigente en Cuba, totalitarios y estructuralmente represivos, el ciudadano, el ser humano en su individualidad, constituye sólo una cifra, un grano de arena evanescente en medio del desierto colectivo, mueble perdido en una oficina perdida de la gran ciudad luminosa que supuestamente avanza hacia el futuro. Y si el grano piensa con cabeza propia, se convierte en poco menos que un mueble roto.
El Proyecto Varela
El Proyecto Varela, impulsado por Oswaldo Payá, ha sido probablemente la iniciativa más popular en la historia de la oposición pacífica al totalitarismo castrista. Buscaba aprobar un proyecto de ley a favor de reformas políticas y mayores libertades individuales en la Isla y se basaba, o basa, en el artículo 88 (g) de la Constitución de 1976, que permitía a los ciudadanos proponer leyes si más de 10,000 electores registrados presentaban sus firmas a favor de la propuesta. El hecho de que en 2002 Payá presentara personalmente 11,020 firmas ante la llamada “Asamblea Nacional del Poder Popular”, y en 2004 otras 14,000, constituyó una demostración inédita de la oposición pacífica y una prueba de su contacto e interacción con el pueblo, con el ciudadano de a pie. En esas miles de firmas recogidas radica la trascendencia del Proyecto Varela y el temor que inspiró a los hermanos Castro, al punto de obligarlos a movilizar al régimen y alterar su propia Constitución.
Armando Añel

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