jueves, 14 de junio de 2012
Sin libertad no hay café
Antes de 1959 Cuba se autoabastecía de café. En la década de los años 40 del siglo pasado el país era uno de los mayores exportadores mundiales del grano. En 1958, la Isla produjo 60,000 toneladas, una cantidad que sobraba ampliamente para abastecer las necesidades de los cubanos. Por contraste, hoy en día el régimen castrista es incapaz de alcanzar las 7,000 toneladas de producción a nivel nacional. Hasta el propio viceministro cubano de la Agricultura, Ramón Frómeta, reconoce que Cuba necesita 24,000 toneladas para cubrir consumo y exportación (el funcionario ha ofrecido estas cifras durante la inauguración del I Congreso Internacional de Café y Cacao, en el que participan expertos de unos 15 países esta semana en La Habana).
La cosecha durante el periodo 2009-2010 fue una de las más bajas de la historia en Cuba, con una producción de sólo 6,000 toneladas. En consecuencia, la Isla ha tenido que gastar anualmente alrededor de 50 millones de dólares en concepto de importación. De gran exportador de un grano de calidad, Cuba ha pasado a ser un importador compulsivo de café barato.
¿Quién no recuerda el tristemente célebre “Cordón de La Habana”, con el que Fidel Castro intentó revertir la caída de la producción cafetalera? El fracaso fue rotundo y pasó a la historia como uno de los disparates más pintorescos del “Comandante en Jefe”. Y es que la única solución a la crisis económica cubana consiste en liberar a los productores y empresarios emergentes ―en este caso a los caficultores privados― de las trabas estatales, permitirles sembrar y vender libremente sus cosechas a precios de mercado. A más libertad, más productividad. El régimen de los hermanos Castro debe admitirlo ya: El sistema no funciona.
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Editoriales
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