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| Un negocio por cuenta propia en La Habana |
Los países latinoamericanos han resultado de los menos afectados por la crisis mundial que en los últimos años ha dominado el panorama económico. Cuba, sin embargo, es la excepción. Según declaró la pasada semana a la agencia EFE el vicepresidente de la Asociación Nacional de Economía y Contadores de la Isla (estatal), Alberto Betancourt Roa, dicha crisis ha provocado a su vez una crisis alimentaria en Cuba, “pero además ha influido en el cambio de divisas y el turismo europeo”.
Era de esperar en un país dependiente que debe importar toda clase de productos y alimentos, como lo es Cuba. 53 años de castrismo han generado una economía parasitaria y un sistema productivo obsoleto, que criminaliza el libre mercado y la iniciativa individual. Lo revela el propio Betancourt Roa: “Cuando hablamos del trabajo por cuenta propia nos referimos a que alguien tiene la posibilidad de montar un negocio, pero eso en términos prácticos no hace millonario a nadie porque hemos dicho claramente que no queremos concentración de riqueza”.
Es decir, que aun cuando al régimen cubano no le ha quedado más remedio que autorizar los pequeños negocios por cuenta propia, insiste en gravarlos y dificultarlos, con el objetivo de que nadie “se haga rico”. Cuando la solución al problema de la miseria y el desabastecimiento en Cuba es precisamente la contraria: incentivar a la gente para que genere riquezas, bienes y servicios, liberando de ataduras y gravámenes al sector productivo. Sólo la realización individual en un marco de libertades y garantías jurídicas puede dar como resultado una economía nacional competitiva. Mientras más millonarios, mejor.

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