En Cuba, la labor mancomunada de desinformar y reprimir ha conseguido perpetuar al castrismo durante décadas, aun cuando una parte considerable de la sociedad, a solas consigo misma, se muestre reacia a digerir la ideología al uso. Permitir que los cubanos entren y salgan libremente de su país, sin que tengan que afrontar engorrosos e incomprensibles trámites burocráticos –-o más sencillamente, una negativa rotunda por parte de la oficialidad--, o que sean propietarios reales de sus domicilios o de sus automóviles, no implica que el sistema desmantele por completo su superestructura coercitiva. Y sin embargo, como demostró la perestroika y, en general, el derrumbe del bloque soviético, éstos podrían ser los primeros ladrillos sustraídos a un edificio que, como el totalitario, no puede sostenerse en pie en ausencia de alguno de sus componentes.
Armando Añel














