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| La quimera cubana |
Todo esto a pesar de las medidas ordenadas en los últimos años por la dictadura para aumentar la producción nacional, y que básicamente consistieron en arrendar tierras estatales sin cultivar a campesinos privados, aumentar los precios que el Estado pagaba por productos agrícolas y disminuir los controles estatales sobre las redes de distribución, todas ellas claramente insuficientes. Es que entre las llamadas reformas raulistas sigue sin figurar una fundamental, que pasaría por devolver al sector privado su espacio natural de libertad. La gente desconfía de un régimen que se reserva la propiedad y nunca ofrece garantías, y en consecuencia no siente suya la tierra. Además, el Estado debe abstenerse de controlar y/o inmiscuirse en el proceso de distribución y venta de los productos, pero eso no lo entiende el castrismo, cuya visión de la realidad es intrusiva, impositiva.
¿Dónde quedó la promesa de Raúl Castro hecha en su célebre discurso del 26 de julio de 2007, cuando señaló la necesidad de que cada cubano tuviera un vaso de leche cuando lo deseara? A menos intromisión estatal más leche, más comida, menos hambre. Y a menos castrismo también.














